La EMC a distancia por Internet permite también potenciar comunidades profesionales y sus procesos de aprendizaje (Parboosingh, 2002; Ho, 2010), a menudo a través del aprendizaje informal, aunque fuertemente centrado en el trabajo práctico y en la reflexión y validación colectivas, elementos importantes para lograr la aplicación de nuevo conocimiento a la práctica clínica.

EMC en Red es un ejemplo de esta aplicación (Lorier, 2012): se trata de una comunidad profesional para aquellos que actúan en la educación médica continua en Latinoamérica, y se dedican a organizar y llevar adelante actividades educativas para los profesionales de la salud. El objetivo de esta comunidad es profundizar los conocimientos por medio del intercambio de experiencias, la discusión de la literatura y la reflexión colectiva, entendiendo el aprendizaje como un proceso social colaborativo. Se realizan encuentros mensuales usando un sistema de teleconferencia por Internet entre marzo y noviembre de cada año, y se comparten materiales en un campus virtual. Los temas han variado, desde el análisis de la efectividad de la EMC o el rol de la industria farmacéutica en su financiamiento, hasta la presentación de experiencias de EMC diversas, desde Argentina, Uruguay, Puerto Rico, Estados Unidos o Canadá.

Otra experiencia similar, usando la misma metodología y soporte tecnológico, pero centrada en la discusión de casos clínicos complejos, se está realizando para el colectivo de oncólogos de Uruguay, con un nodo central en la Cátedra de Oncología Médica del Hospital de Clínicas, Universidad de la República.

Algunas dificultades previsibles en proyectos internacionales de EMC a distancia y cómo mitigarlas

Si uno considera que en este tipo de proyecto están involucradas instituciones de distintos países, con participación de equipos multidisciplinarios, la coordinación del trabajo es un aspecto principal a tomar en cuenta. Para ello es fundamental que los equipos primero se conozcan personalmente, y luego que el Jefe de Proyecto establezca reuniones sistemáticas presenciales o remotas con los distintos actores (expertos temáticos y otros integrantes de Uruguay, equipo a cargo de la logística de las actividades en el país, expertos del o los países participantes). El cronograma del proyecto debe incluir visitas regulares de integrantes del equipo remoto, que permitan una alineación entre los actores y avance rápido del proyecto a partir de dicha visita. Asimismo, el registro sistemático de las reuniones y sus conclusiones facilita el flujo de información entre los distintos actores.

Otro riesgo es que el equipo local no se involucre lo suficiente o no comprenda cabalmente qué se va a hacer. Es un riesgo que impacta en la calidad del producto a obtener (baja convocatoria, poca adaptación al país, por ejemplo) y en los tiempos del proyecto. Esto se mitiga habitualmente con una buena comunicación y visitas periódicas. Otro aspecto vinculado es la comprensión cabal de aspectos inherentes a cada país, pues si bien se comparte un idioma y una historia común, cada país tiene sus propios códigos culturales, su dinámica, su normativa. En los países más grandes de la región, debe además tenerse en cuenta que existen diversas realidades según la región a considerar, y que para una mejor adaptación es importante involucrar a expertos de cada región del país.

Esta complejidad explica las dificultades inherentes al cumplimiento de cronogramas, en particular si estos están diseñados sin tener en cuenta estos aspectos y otros relacionados, como el proceso para obtener el apoyo de los equipos académicos del país y la posterior acreditación académica de la actividad educativa en el mismo.

Asimismo, si se considera a cada actividad de EMC como parte de un conjunto de proyectos educativos, donde un resultado esperado es la potenciación de una comunidad profesional, se debe apuntar a lograr una continuidad en el tiempo entre las distintas actividades, de manera de que el colectivo se mantenga unido. Esto puede ser difícil de lograr, dados los tiempos y diversas (al igual que cambiantes) prioridades que manejan las instituciones que financian estos proyectos.

Finalmente, un aspecto difícil de conseguir es la evaluación del impacto en la práctica clínica (desempeño del médico o resultados en los pacientes), dado que los sistemas de información disponibles en las organizaciones no suelen ofrecer los datos necesarios sin hacer un estudio específico. Esto ocurre en general con las actividades de EMC, y en particular con aquellas donde no hay instituciones asistenciales involucradas, y –hasta tanto no existan sistemas de información clínicos de uso generalizado– sólo puede ser realizado con una evaluación a medida de una muestra del público objetivo.

Los posibles diseños experimentales y variables a estudiar son similares a los que se usan para evaluar cualquier otro tipo de intervención. Por ejemplo, para evaluar el desempeño de los médicos luego de un curso sobre detección de enfermedad renal crónica, se podrían medir las solicitudes de creatininemias en los grupos de riesgo por parte de los cursantes, antes y después de realizar dicho curso; o realizar un estudio aleatorizado, donde parte de los médicos realizan el curso y la otra parte no, comparando sus comportamientos en distintos momentos.

Texto basado en el capítulo del Dr. Alvaro Margolis, Director de EviMed, del libro de la CEPAL “Manual de salud electrónica para directivos de servicios y sistemas de salud. Volumen II: Aplicaciones de las TIC a la atención primaria de salud:”, disponible en https://www.cepal.org/es/publicaciones/37058-manual-salud-electronica-directivos-servicios-sistemas-salud-volumen-ii